¿Se ha preguntado cómo algunas personas llegan a ser tan gordas como los luchadores de sumo? Piénselo.
¿Cómo producen los japoneses, con su físico relativamente delgado, estos gigantescos especimenes? ¿Son mutantes genéticos criados para subir de peso o son el producto de un método antiguo para crear enormes guerreros? Su estilo de vida y lo que comen los convierte en esos hombres-mamuts que son. Examinemos un día promedio de un luchador de sumo y veamos que siguiendo un modo de vida muy similar se termina con un resultado muy similar.  Los luchadores de sumo se levantan a las cinco de la mañana, no desayunan y hacen una sesión extenuante de ejercicios llamada keiko. Se bañan y comen su comida principal del día: una sopa alta en proteínas llamada chanko-nabe hecha de algas marinas, pedazos de pescado, repollo, puerros, hongos shiitake, frijoles, tofu, fideos, pollo, cerdo, salmón, ostiones, huevos, arroz, y salsa de soya. Se comen esto con más arroz y toman cerveza o sake. Después de esta gigantesca comida, hacen siesta por varias horas. Se despiertan, vuelven a comer y duermen de nuevo. Al día siguiente, se despiertan y hacen lo mismo y así cada día por años y años. ¿Por qué este modo de vida causa un aumento tan inusitado de peso y los luchadores de sumo llegan a pesar increíbles 180 a 350 kilos? La primera explicación es que ellos nunca desayunan y empiezan su día con el hacer vigorosos ejercicios. Esta combinación de no desayunar y hacer ejercicio fuerte durante cinco horas significa que llegan a la hora de comer muy hambrientos y acaban comiendo más de lo que necesitan. Otro punto importante es que van a dormir inmediatamente después de haber comido. ¿Cúal es la lección de esto? Hay varias. La primera es que para optimizar nuestra salud, bajar de peso y mantenerse delgado es muy importante desayunar, para distribuir parejamente el ensumo de alimentos durante el día y no comer, por lo menos, dos horas antes de acostarse, porque un factor muy importante no es solamente el tipo de calorías que se consuman, sino la hora del día en que se come. Es muy importante no dormirse inmediatamente después de haber comido y tratar de esperar por lo menos dos horas porque el cuerpo disminuye el metabolismo durante el sueño y cualquier alimento sin digerir se almacena para uso posterior, por lo común, como grasa. La segunda es que se debería tratar de comer cinco veces diario y en pequeñas cantidades para mantener siempre activo el metabolismo y no llegar muy hambrientos a la hora de comer, corriendo el riesgo de introducir más de lo que el cuerpo necesita.
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